Estos últimos años, nos han vendido que estamos en crisis, y cierto es, lo estamos. Es una crisis existencial, en la que hemos ante puesto todo al precio del dinero. Ya no importa nada que no sea el dinero. Hemos convertido nuestras vidas en un infierno en el que si no hay dinero no hay nada. Y dicen, el dinero no da la felicidad. Si todo lo que existe es dinero, el dinero es felicidad...pues entonces el dicho no sirve para nada.
Pero que ocurriría en este supuesto:
Si os dijeran, este es el último año de vuestras vidas, después de este año todos vais a morir, y no hay posibilidad de sobrevivir de ninguna de las maneras. ¿Qué haríais? ¿seguiríais impasibles?, yendo a trabajar todos los días, haciendo de vuestras vidas la monotonía del hoy y del mañana, pensando en que tenéis que pagar una hipoteca, en que tenéis que ahorrar para poder tenerla, en que se os ha roto el coche y no tenéis dinero para un arreglo o para uno nuevo.... ¿no verdad? ¿quién haría eso?
Reflexionando llegué a la conclusión, de que si me dijesen eso a ciencia cierta aprovecharía cada segundo en disfrutar de todo aquello que no es material. Correría a ver por última vez el mar, querría sentir por última la sensación de esa brisa acariciándome, recorrería cada palmo del suelo observando cada objeto o ser material o con vida que se me cruzase pues sería la última vez que tendría el grandísimo privilegio de verlos y ser consciente de que están ahí. Escucharía por última vez la música natural de los pájaros u otros animales...y también la producida por el hombre, todas aquellas piezas de música que me hicieron sentir emociones fuertes.
Hemos ante puesto a todo el dinero sin darnos cuenta que hay algo que el dinero no puede comprar, la continuidad de la existencia...pues si fuésemos a desaparecer, mandaríamos a la mierda el dinero y disfrutaríamos cada segundo de la manera más intensa que jamás hubiéramos hecho, de nuestros amigos, de nuestra familia, de cada ser con vida, de cada sensación...eso no tiene precio, es impagable, ni por todo el oro del mundo lo cambiaríamos, y curiosamente, algo que está al alcance de todos. Todos, desde el más pobre al más rico lo tiene, no se necesita dinero para comprar: el aire que se respira, el suelo que se pisa, el árbol que da sombra, el sonido que se escucha, la compañía de aquellos a los que se tiene aprecio.
Y ahora alguien pensará, ya pero no vamos a desaparecer, y mañana tendré que levantarme para trabajar o para buscar trabajo, y tendré que pagar esto y lo otro..¿de qué me sirve esto?, pues la diferencia es que mañana, podrás hacer lo mismo que otros días pero cuando te levantes oirás cantar a unos pájaros que siempre estuvieron ahí y nunca oías, te subirás a un tren para dirigirte a algún lugar y pensarás que es increíble que hayamos inventado la manera de trasladarnos sin tener que andar, la tormenta o la lluvia ya no serán un estorbo, serán algo genial...igual mañana no estamos, por tanto, hay que pararse para disfrutar del espectáculo....y así sucesivamente desde el más grande al más pequeño de los detalles.
Y aunque uno tenga un montón de cosas que pagar y poco dinero, tendrá algo que tienen todos y no aprecian, la libertad para apreciar algo que puede aportar mucha más felicidad de la que creemos. ¿Por qué sino amamos irnos de vacaciones a otros lugares, ir a la montaña, ir a la playita? no buscamos descansar, buscamos paz, buscamos desconectar nuestra mente de la rutina, pero eso podríamos hacerlo todos los días, el problema es que estamos tan acostumbrados a no percibir nada que sólo conseguimos ese efecto si vamos a un lugar nuevo, algo que aporte frescura.
Es difícil conseguir lo mismo sin ese aporte de frescura, lo reconozco, pero nada es imposible...por lo menos darse cuenta de lo que tenemos entre las manos.
Feliz día.