Solíamos quedar en la entrada un grupo reducido de amiguetes para hacer novillos, especialmente cuando no apetecía ir a clases de religión (asignatura obligatoria en tiempos antiguos). Casi siempre, acostumbrábamos a bajar a la sala de juegos. A Sam y a mi nos gustaba mucho el billar, aunque no teníamos ni pajolera idea de jugar bien. Un día, uno de los chicos que acostumbraba partirse de risa al vernos jugar se acerco a nosotras, y decidió darnos una clase magistral de manejo de taco. Nos hicimos amiguitos, y llegamos a organizar competiciones ridículas en las que Sam y yo contra él siempre perdíamos. Fueron dos años estupendos, cuando hacía buen tiempo nos tirábamos en el parque a cantar o a escuchar música hasta que refrescaba, luego, nos íbamos a la sala. Aquí reconozco haberme saltado algo más que las clases de religión.
El tercer año Sam dejó el insti, hacía años se había enamorado de un chico el cual su madre le prohibía ver. Decidió dejarlo todo, incluso la casa de su madre e irse con él. Ese año fue aburrido, no había partidas de billar, ni sesiones de parque ....
Todo cambio cuando conocí a Maite, otra aficionada al juego. Nos caía muy mal el profesor de biología, era un auténtico ogro, y no de fealdad precisamente. Nos escribíamos notas para reírnos de él....En el rato en el que nos dejaban salir, Maite y yo bajábamos a la cafetería. Al principio eran sólo charlas, hasta que un día encontramos en la única mesa vacía un tablero de ajedrez. Ese día descubrí que mi amiguita era un hacha de los juegos , no sólo de tablero sino también de las cartas.
Me enseñó a jugar al ajedrez, yo era tan borrica que a veces ella me dejaba ganar para que no me desanimara. Con el tiempo, no conseguí ganarle pero aprendí a jugar lo suficiente como para ganarle a otros.
Cuando terminamos en le insti, hicimos un curso de informática juntas. Teníamos casi una hora de descanso así que fuimos a por los juegos de cartas. Maite era increíble!!! no se le resistía nada. Nos obsesionamos, pues no llegamos a entablar amistad con casi nadie del curso en los casi cuatro meses de duración. Era casi un ritual sentarse a jugar a las cartas....cada día uno o dos juegos diferentes. Años después, y habiendo perdido el hábito de jugar me permití mantear a un viejete de la asociación de fiestas del pueblo al cinquillo. ¡¡Fue muy emocionante !!
Por desgracia, me he olvidado jugar durante años. Casi no me acuerdo cómo se juega a la mayoría de los juegos de cartas que Maite me enseñó. Estoy totalmente desentrenada con el ajedrez. Y daría lo que fuera por una partida al billar con Sam. Pero la vida es así, toda ella muy silvestre.
Hace dos semanas un mail con un juego al ajedrez me hizo jugar de nuevo. Y recordé a Maite, a Sam....Por suerte con Maite mantengo todavía una amistad lejana y de Sam no sé nada. Ojalá algún día nos reencontremos.
El tercer año Sam dejó el insti, hacía años se había enamorado de un chico el cual su madre le prohibía ver. Decidió dejarlo todo, incluso la casa de su madre e irse con él. Ese año fue aburrido, no había partidas de billar, ni sesiones de parque ....
Todo cambio cuando conocí a Maite, otra aficionada al juego. Nos caía muy mal el profesor de biología, era un auténtico ogro, y no de fealdad precisamente. Nos escribíamos notas para reírnos de él....En el rato en el que nos dejaban salir, Maite y yo bajábamos a la cafetería. Al principio eran sólo charlas, hasta que un día encontramos en la única mesa vacía un tablero de ajedrez. Ese día descubrí que mi amiguita era un hacha de los juegos , no sólo de tablero sino también de las cartas.
Me enseñó a jugar al ajedrez, yo era tan borrica que a veces ella me dejaba ganar para que no me desanimara. Con el tiempo, no conseguí ganarle pero aprendí a jugar lo suficiente como para ganarle a otros.
Cuando terminamos en le insti, hicimos un curso de informática juntas. Teníamos casi una hora de descanso así que fuimos a por los juegos de cartas. Maite era increíble!!! no se le resistía nada. Nos obsesionamos, pues no llegamos a entablar amistad con casi nadie del curso en los casi cuatro meses de duración. Era casi un ritual sentarse a jugar a las cartas....cada día uno o dos juegos diferentes. Años después, y habiendo perdido el hábito de jugar me permití mantear a un viejete de la asociación de fiestas del pueblo al cinquillo. ¡¡Fue muy emocionante !!
Por desgracia, me he olvidado jugar durante años. Casi no me acuerdo cómo se juega a la mayoría de los juegos de cartas que Maite me enseñó. Estoy totalmente desentrenada con el ajedrez. Y daría lo que fuera por una partida al billar con Sam. Pero la vida es así, toda ella muy silvestre.
Hace dos semanas un mail con un juego al ajedrez me hizo jugar de nuevo. Y recordé a Maite, a Sam....Por suerte con Maite mantengo todavía una amistad lejana y de Sam no sé nada. Ojalá algún día nos reencontremos.
4 comentarios:
Lo importante no es el juego en si, es la compañia!!!
chauuuuuuu
Yo la verdad, es que al billar he jugado dos veces, al ajedrez nunca aprendi y las cartas nunca me han gustado...
Pero me ha molado tu historia, sobre todo por que al final, aunque has hablado de todos los juegos, lo importante era las amistades que te han recordado y esos buenos momentos :)
Qué bonito post, Forest...
¿Has probado a buscarla en Facebook? Te sorprenderías de a quien he llegado a encontrar yo.
Publicar un comentario en la entrada